El vocero del Gobierno de Chile, que es Francisco Vidal, Ministro Secretario General de Gobierno, ha obsequiado a la ciudadanía con una nueva joya de lo que es el poder político y su carencia de escrúpulos.
Antes de ayer el diario La Nación, cuyo accionista mayoritario es el Estado (en teoría, de todos los chilenos), publicó una portada panfletaria (pueden verla si presionan sobre la imagen) en apoyo a la ahora destituida ministra de educación.
El panfleto es tan descarado y vergonzoso que tenía todas las trazas de haber sido pauteado directamente por el interesado: el gobierno. Ante el escándalo, nuestro cínico Secretario de Estado niega responsabilidad diciendo:
La Nación tiene una línea editorial, cada diario tiene una. Ahora, si lo pone en blanco y negro, con sangre colgando (…) la libertad de expresión, muchachos”.
(Fuente: noticias.123.cl, 16 de abril de 2008).
¿Libertad de expresión?, ¿lo dice Vidal?… raro, raro, raro… me sonaba haber escuchado decirle esto antes, pero en otro contexto.
Y de pronto lo recordé, con ayuda de Internet por supuesto.
En agosto de 2004, el ministro Vidal destituyó públicamente a Alberto Luengo, director de La Nación, por no seguir las instrucciones del gobierno y publicar noticias sobre la investigación de pedofilia que involucraba a políticos.
En ese entonces el ministro dijo:
la línea editorial del diario no interpretaba lo que es la postura del Gobierno en algunas materias” (…) es necesario que exista “coherencia entre lo que expresa el diario y la postura del Gobierno. Y que cuando se entra en contradicciones hay que tomar decisiones”.
(Fuente: nuestraamerica.info, del 13 de agosto de 2004).
Es decir, el diario La Nación no tiene línea editorial propia, pues aquella está determinada por el gobierno. Y el que se aparte de sus dictados, perderá hasta su fuente de trabajo.
Y de paso, expresaba que la libertad de expresión de La Nación valía una mierda.
Ahora se justifica y escuda diciendo todo lo contrario.
En realidad, este ministro es un cínico peligroso para el sistema democrático.






